ALICIA EN EL PAIS DE LAS LÁGRIMAS Agosto 2009
Ella lo recuerda bien era un acontecimiento familiar, hace dos meses atrás
a fines del mes de junio, con los preparativos, la torta...el regalo. Fue un
sábado en que le festejaron el cumpleaños a
Santiaguito. Quien lo hubiera pensado...había pasado tan rápido el
tiempo; cuesta creer que el año próximo;
el cursara su primer año escolar.
No
fue sencillo, no para Alicia, que aun convive con el estigma de la injusticia,
que le robo una parte de su vida. Pero mañana todo puede ser diferente...en los
tribunales...
...Alicia se peina pacientemente, disfruta
hacerlo, frente al ventanal que da al jardín del fondo de casa, desde donde
puede ver a su pequeño jugar con la pelota.
El sol
calienta tímidamente la habitación colándose entre los árboles que ya han
perdido las hojas. Su cabello esta húmedo…ella siente lo que toda mujer en esta
ceremonia, se siente con un atractivo extra; que la hace aun más bella. La
intimidad no acepta boicotear las mascaras. Somos tal cual nos vemos a puertas
cerradas, lo que se ve en publico es una mentira a nosotros mismos. Hace
instantes alguien le pregunto, el porque de sus ojos enrojecidos, ella dijo que le había entrado jabón y están así
por eso.
Pero es mentira...ella había estado largo rato llorando bajo la ducha.
Sus lágrimas se colaron por la alcantarilla. Nadie lo sabrá.
Sus movimientos se detienen abruptamente,
cuando ve un retrato en la pared, entre tantas fotos, esta ella abrazada a su
novio; piensa... ¿Cómo es que hará
mañana para esbozar una sonrisa genuina y que nadie se de cuenta de su
tristeza? Que aun no puede contener el
brote incesante de la fuente de su dolor… que vivirá marcada por una tragedia y
que cada fin de año llorara, agradeciendo a Dios por estar viva. Y que cuando
pasen algunos veranos tal vez, bajo la sombra de los árboles que hoy no se
menean porque están desnudos; le dirá a su hijo, que gracias a el… ella pudo
vivir.
Corazón pequeño, candido, adolescente, así era Alicia pero hoy...
incapaz de olvidar, si tan solo pudiese olvidar. Alicia, piensa y vuelve a la página
anterior de algunos años atrás, por
inercia…
“... ─
¡Papi!...dale…déjame ir, voy a estar bien
─ Ali,… no se…todavía falta…
Horacio por momentos es indeciso, su desconfianza se genera en el azar a la vuelta de la esquina.
Como
todo padre se preocupa con motivos implícitos. La tarde siempre lo encuentra en
un pequeño lugar de la casa, donde a manera de refugio restaura lo que aun
puede ser usado. Una silla que hace mucho ruido, o una repisa dañada que
necesita la mano de un improvisado carpintero.
Alicia
aprendió a discernir cuando es el momento en que su padre aun no regresa de la
nube donde esta ajeno a la realidad, que cuando esta en paz con sus
pensamientos es cuando pisa suelo firme, desciende; esta en casa.
Lo
abrazo por detrás, sus mejillas se aprisionaron y finalmente le dio un beso.
─ Pa´, te quiero mucho…
─ ¿Por qué será que sospecho que ese beso viene con un pedido
extra? ─ Le dice sin mirarla, como hablando a su herramienta.
─ Dale papi, no voy a ir sola, voy con Sergio, nos llevan sus tíos, nunca fui
a un recital en vivo…va a estar todo bien, ya vas a ver…tenemos las entradas.
─ Bueno…creo que siempre supiste que te iba a
dejar ir ¿no?, después te voy a recomendar algunas cosas.
─ ¡Gracias papito lindo!─ fue una explosión,
su grito fue estridente y su segundo abrazo, fue más fuerte que el
primero.
Horacio mira por sobre su hombro a Alicia, su
única hija, la ve hablando por el celular, se sonríe por el resultado de una
simple autorización paternal y menea su cabeza.
Corazón pequeño, adolescente ¿tanta alegría le
dio mi palabra? ─ piensa ─ ella quiere hacer lo que hacen todas, una manera de
ser torcida a su personalidad por las costumbres de su edad. Todas quieren ser
todas, vestirse como todas, hablar…ser o parecer ¿tanto les cuesta ser ellas
mismas?
Alicia tenia en aquel entonces 16 años, su
mundo adolescente se nutre de modelos que los medios de comunicación les venden y que terminan por dar a una generación,
las pautas a seguir. Pero a ellos no les importa si son buenas o malas. Seguir
la manada...esa es la consigna.
Entre aquellas cosas que alentaban su semana,
estaba el recital de su banda de rock preferida, nunca había estado en uno y su
novio la llevaría a cumplir su sueño.
Pero los sueños a veces pueden ser
interrumpidos involuntariamente.
─ Hola ¿Sergio?...soy yo Alicia... eeeeh...nada...que
no te enojes por favor, pero surgió un imprevisto...
Pausa...
─ Nada... que no me siento bien, y no creo
poder ir al recital, estoy re-mal, estuve vomitando toda la noche, algo me debe
haber caído mal al estomago, por favor perdóname.
─ Esta bien, no te preocupes... ¿queres que me
quede con vos y no vaya?
─ ¡NOOO!...cualquiera...anda vos y divertirte,
yo voy a estar bien ya se me va a pasar, pero tengo que estar en cama...Sergio...
¿no te enojas no? ─ Alicia trata de no imponerse caprichosamente, aunque lo
era, pero no quiso inducir sobre los planes de una noche que se venia
anunciando como una buena fiesta.
La noche llego imperiosamente como el preludio
de una tormenta devastadora a través de un llamado telefónico.
─ Buenas noches ¿familia Sotomayor?
─ Usted no me conoce, soy el padre de Sergio,
en fin.... su hija es novia de mi hijo, yo sabia algo de que iban a ir a ver un
concierto de rock, quisiera saber si mi hijo fue con su hija o esta allí ¿hola?...
¿hola?
─ Si, perdón... me quede pensativo, es que
ella no fue porque estaba muy descompuesta, pero ¿no iban con un pariente suyo?
─ No... eso parece que era mentira, el me había
dicho algo diferente, pero bueno, en fin...
Lejos
estaba el padre de Sergio de imaginar que en minutos mas con su rostro
aterrorizado frente al televisor soportaría un golpe sin derecho replica. Se
desataría en su corazón la frenética carrera
en búsqueda de su hijo.
Alicia
sale con sus padres hacia capital. El lugar es un caos organizado por el
infortunio, nadie devolverá las entradas, nadie devolverá la alegría. Un
recital que puso un precio extra a una función macabra, el precio de las
lágrimas no la pagaran los organizadores.
La imagen televisada es una postal de una guerra despareja, los jóvenes cuerpos
yacen en el umbral de un país que los
observa espantado en vivo y en directo, la
republica del terror arde en llamas y ahoga el grito que fenece por el humo....Alicia
esta sentada en el pavimento, frente al lugar donde fue el recital mirando a la
nada, pensando en la nada, acaricia su vientre, Sergio esta a su lado sin vida.
Nadie lo sabe, no pudo decírselo a el, lleva 10 semanas de embarazo, la ironía
del destino, un hijo que llegara, sin esteriotipo, luchando por vivir; rompiendo
códigos de supervivencia. No conocerá a su padre.
En la Republica Cromagñón.. .Alicia
llora.”
Había
pasado el cumpleaños de Santiaguito, Alicia sigue su vida con esperanzas de
encontrar un lugar mágico en su alma que
le de el consuelo a su corto pasado. Ya no tanto por ella, porque aprendió a asumir sus responsabilidades, pero
la memoria del padre de su hijo lo reclama. Desea creer que aquel día llegara,
que la justicia de la ley la fundirá en un abrazo ahogado con su pequeño. Solo
hay que esperar la sentencia. Solo abra que ir, junto a todos aquellos que
fueron obligados a ser ciudadanos de la republica del terror sin merecerlo.
Sentada en medio de la gente que espera el
fallo, se ha quedado mirando un punto fijo frente al blindex que separa a las
dos partes. La gente, en una tenue y casi imperceptible imagen se refleja en
aquel impenetrable vidrio. Pero sus rostros cambian, para ella. Esa imagen se
transforma, para ella, en su imaginación
en los chicos que han llegado desde el once, para escuchar el veredicto.
Pero se disipan, el suspiro de su alma se esfuma, es volátil, porque lo había
imaginado. Camina hacia fuera, a la
calle, de regreso a casa, pensando que todo pudo haber sido diferente. Si…pudo
haber sido.
Dicen que la vieron salir, aquel día tan esperado del palacio de
Tribunales, abrazada con su hijo...llorando...por la injusticia de una ley
ciega, que anda a tientas derribando lo que este a su paso. Por la decepción de
tener que cerrar las puertas al pasado,
de manera desprolija....déspotamente. La mala praxis jurídica no tiene
figura legal, por eso, los culpables... son inocentes.
Los inocentes ya no están.
El único temor de Alicia es pensar que hay un
asesino serial llamado “impunidad”, que ha quedado en libertad. Que tiene en su
macabro historial, el haber acabado con la vida de 194 jóvenes y camina a cara descubierta; mientras la ley lo
saluda levantándole el pulgar y
guiñándole un ojo.
Dicen
que la vieron sentada en un banco de la plaza Lavalle aquella tarde, en una
animosidad recreativa de imágenes en blanco y negro, de una tarde de hace ya
casi seis años, en que se descompuso, sin saber que su pequeño salvador la
detuvo en su hogar. Para vivir recordando el valor de un ser, y que las
casualidades no existen, por lo menos para ella.
Finalmente se fueron caminando al caer la tarde, tomados de la mano.
Corazón pequeño, candido y adolescente...así
era Alicia...en el país de las lágrimas
Relato breve, autor:
David Fernandez
Basado en hechos
reales.
El incendio de Republica Cromagñón (Argentina)ocurrió el 30 de diciembre
de 2004 durante un recital de la banda de rock Callejeros, cuando una bengala prendió fuego la
mediasombra del techo del local y generó gases tóxicos.
El incendio provocó la muerte de 194 personas y mil heridos, en su mayoría jóvenes. En el primer juicio, que concluyó el 19 de agosto de 2009, Chabán fue condenado a 20 años de prisión, que finalmente fueron 8 años, el manager de Callejeros, Marcelo Argañaraz, y el ex subcomisario Carlos Díaz, a 18 años, mientras los músicos de la banda fueron absueltos.
La Cámara de Casación recalificó los hechos, redujo las penas y condenó a los músicos a cuatro y dos años de arresto, lo que todavía no quedó firme.

desde todos los ángulos, para reflexionar, original relato muy realista.
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